Siempre he sido una persona de convicciones firmes aunque estas hayan pasado por un proceso de permeabilizacion que ha permitido para mi paz interna descargar mi equipaje.
Recuerdo que en los años de mi infancia le disparaba a mi mamá un discurso dominguero en contra de la iglesia católica y de los sacerdotes que la representaban, esto era semanalmente a primera hora de la mañana, ante la pretensión de mandarme a misa en compañía de mi hermana.
En la adolescencia, mi rebeldía encontró un nuevo foco, el ámbito educativo, me convertí en defensora de las causas justas, esto me llevo a participar en las elecciones del centro estudiantil en el liceo Antonio Estevez en mi natal Calabozo; en cuanto a las posturas dogmáticas de la religión, se habian transformado por mi decisión que mi relación con dios no tendría a un sacerdote como intermediario aunque paradojicamente me uní al grupo católico" La Legión de María".
En los inicios de mi adultez y en mis años como ucevista, se afianzaron ciertas ideas en mi mente y en mi corazón, valores como solidaridad, compromiso, honestidad, amor por la familia, responsabilidad, pasión por lo que se hace, entusiasmo, perseverancia, se consolidaron de tal forma que se convirtieron en la máxima de un credo muy personal que se ha ido depurando con los años.
Hoy en la madurez, y con la sapiensa que da la universidad de la vida he aprendido que los matices son necesarios, importantes, que la flexibilidad de pensamiento y establecer el justi-precio a cada acto día a día, permite vivir en armonía con nuestro yo interno y con el entorno; mi relación con dios es mas autentica aunque no creo en religión alguna, sólo sirven para separarnos, crear odios y guerras absurdas, la asumo cómodamente como la contradiccion mas compatible con la que vivo y ya no lucho por entenderla.
En mi postura como miembro de la Escuela de Policía, he actuado siempre en función de mi credo, en esos valores y principios que han delineado mi ser, sin embargo; estoy ante un gran Dilema Etico alimentado por una "desesperanza aprendida".
¿Quién me permito ser para decidir que cinco jóvenes deben ser excluidos del sistema de formación a 45 días de culminar el proceso, sólo porque no lograron obtener un porcentaje establecido arbitrariamente como índice aprobatorio?
¿Qué sentido tiene una norma de aplicación selectiva?;el recuerdo de estos muchachos llorando en mi oficina me desvelo en la noche, me ha echo sentir miserable, dueña de un credo absurdo y utópico, instrumento de un sistema vejatorio, discriminatorio, injusto, caracterizado por una ambiguedad moral que raya en la inmoralidad, un sitema que ampara y proteje a un grupo y condena a otros. y yo, en medio de todo alzando mi voz en pro del cumplimiento de las normas, enarbolando la bandera del comportamiento ético, de la mística que debe prevalecer en el proceso de formacion policial, de la moral en la cual debe enmarcarse el desempeño de los miembros de los cuerpos policiales, BLA,BLA, BLA, BLA,BLA, BLA, y resulta que soy una tonta útil, que ese credo sólo sirve para convertirme en un verdugo mas, apedreando a jóvenes cuyas historias de vida son producto de una sociedad deformada, de familias desmembradas, de políticas educativas incoherentes que aun privilegian un aprendizaje memorístico repetitivo, de maestros frustrados e indiferentes.
"La mas encarnizada batalla que vais a librar es precisamente la de ser vosotros mismos. Durante el resto de vuestra vida os veréis obligados a luchar por ello en un mundo en el que la gente prefiere teneros amoldados a sus conveniencias particulares" Leo Buscaglia en Vivir, Amar y Aprender