domingo, 3 de junio de 2012

DEFENDIENDO MIS RAZONES

Hemos aprendido a ser competitivos en todos los aspectos de nuestra vida, exponer nuestro criterio  y defenderlo  a "capa y espada" es un punto de honor que no estamos dispuestos a ceder, nos hemos convertido en opinadores de oficio; siendo estas actitudes inflexibles causa de muchas disputas entre amigos, familiares y parejas.
Una de las acciones que mas nos cuesta ejercitar es la escucha activa, la naturaleza es tan sabia que nos doto de dos oídos y una boca para que escuchemos mas y hablemos menos no obstante; hacemos lo contrario, a diario ante cualquier intercambio de ideas o tema de conversación nos vemos en la imperiosa necesidad de sonar primero la campana interrumpiendo a nuestro interlocutor sin dejarle culminar las ideas, en ese "defender nuestra razón" a menudo nos atribuimos el derecho de ofrecer consejos cuando solo se nos esta pidiendo escuchar, no en balde uno de los principales conflictos de las relaciones humanas radica en la comunicación.
Es importante aprender a comunicarnos, usar la palabra es un arte para construir una vida exitosa en el cual debemos  prepararnos, cuando interactuamos con otros a menudo  solo vemos los labios de las personas como actores de una película silente, nos reímos, enojamos y distanciamos a partir de esas mímicas y no de las palabras contextualizadas y en su justa dimensión . Escribiendo estas ideas recordé una escena de la película "Tierra de Osos" que ilustra como el miedo como emoción  nos domina y no permite escuchar al otro generando un conflicto, haciendo que nos defendamos cuando en realidad no se nos esta atacando.

Lo importante es que nuestra vida esta escrita con "comas y puntos seguidos" siempre podemos retomar y emprender el rumbo que nos permita crecer espiritualmente  mejorando nuestras relaciones con nosotros y con los demás, en este sentido se hace necesario que primero nos escuchemos internamente con atención, tratando de eliminar las barreras como las herencias culturales que nos constriñen, dándonos permiso para abrir nuestra mente y corazón  a nuevas formas de ver la vida hacia la construcción de un credo mas flexible, gentil, tolerante y respetuoso.

En la serenidad de nuestro ser  están las palabras de nuestro "yo interno"
(imagen de la autora, Mérida 2012)